Secretos embarazosos (1ª Parte)

Secretos Embarazosos
una aventura de



por Míchel González
1 y 8 de julio del 2006


Los Héroes



Doña Leonor Rodríguez de Torres, alias “Isabel” (Clara)
Su búsqueda de aliados para luchar contra Montaigne y vengarse de Marco Ontiveros de Ochoa, el traidor que abrió las puertas de Barcino y, por tanto, de la Finca Torres a los invasores, la ha traído hasta San Gustavo. En esta amurallada ciudad costera ha escuchado que reside Don Oscar Bejarano de Torres, gran espadachín y defensor de la causa castellana.
Tras varios días de viaje desde San Cristóbal, Isabel ha dejado sus cosas en una posada y se dispone a visitar a ese posible aliado.

Felipe (Ana), Diego (Rodrigo) y José (Nacho)
Recién arribados a puerto a bordo de La Vendida, el piadoso pirata de la Fraternidad de la Costa se dispone a disfrutar del permiso –otorgado por el capitán del navío, un eiseno de nombre Wolfgang- en compañía de Diego, cuya profesión sólo conoce él mismo pero que afirma defender siempre causas justas y nobles en nombre de un misterioso patrón.
El viaje ha sido provechoso para todos y el buen humor ha contagiado a la tripulación, que desciende a tierra para gastarse sus recién “adquiridos” doblones en vinos y mujeres.
Pero como un buen vino se disfruta mejor en compañía han ido a buscar a José, espadachín, explorador y amigo desde hace años que reside en la ciudad. Juntos, los tres compañeros van, entre risas, hacia una de las tabernas para intercambiar chanzas e historias que irán haciéndose más increíbles a medida que transcurra la noche.


Primer Acto



En donde los héroes descubren una infame conspiración, ayudan a una dama en apuros, y se enfrentan a la Inquisición para defender el honor de un gentilhombre desaparecido en misteriosas circunstancias.

Escena Uno: Una peligrosa confusión
- Isabel llega a la hacienda de Oscar Bejarano de Torres, cuyas tierras quedan dentro del recinto amurallado de la ciudad de San Gustavo.
- Para su sorpresa un numeroso grupo de guardias de la Inquisición están esperando en el recinto. En cuanto la ven el Inquisidor que les dirige grita “¡Ahí está! ¡Prendedla!”.
- Isabel, sabedora de lo poco dados que son los Inquisidores a escuchar explicaciones (si no es en una celda o en un potro de tortura) echa a correr internándose en la ciudad.
- Los minutos pasan hasta que una cansada Isabel se tropieza de bruces con tres hombres.
- Trata de zafarse de ellos y continuar corriendo, pero uno de ellos (Diego) la sujeta por la cintura mirándola con evidente preocupación.
- Isabel apenas tiene tiempo para pedirles que le dejen continuar cuando los guardias aparecen al otro extremo de la calle.
- El Inquisidor Agustín, pues así se llama nuestro fanático amigo, les ordena que se la entreguen.
- Incluso el piadoso Felipe sabe que la Inquisición es única a la hora de sacar conclusiones precipitadas. Los tres hombres preguntan de qué se la acusa.
- El Inquisidor, que sabe que hay curiosos mirando la escena, dice que la mujer se llama Laura Bejarano de Guzmán y está acusada de brujería. Afirma que iba a verse con su tío, que también está siendo perseguido por los graves cargos de alta traición.
- Isabel, perpleja, les jura a los hombres que ella no es esa mujer, pues no se llama Laura ni Oscar es su tío. Y, por supuesto, no sabe nada de hechicería.
- José no se lo piensa mucho y desenvaina sus dos espadas. El asunto huele mal y se teme algún ardid, de modo que le dice al Inquisidor que si quiere a la mujer tendrá que ir a por ella. Felipe y Diego siguen su ejemplo y se interponen entre Isabel y los guardias inquisitoriales.
- Mientras el Inquisidor Agustín hace un esfuerzo por contener su furia Isabel, para sorpresa de todos, se pone al lado de los tres desconocidos mientras se quita la falda. Bajo ella tiene unos pantalones ajustados que resaltan su llamativa figura. Da un vuelo a la falda en la mano izquierda mientras que con la derecha solicita a Diego si puede prescindir de una de sus armas.
- El esgrimista sonríe y le lanza uno de sus estoques, que Isabel captura al vuelo. Los cuatro, armados, se disponen codo con codo a demostrar a Agustín que está cometiendo un grave error.
- El Inquisidor da la orden y una docena de guardias corren hacia nuestros héroes.
- José da buena cuenta de dos de ellos con un veloz movimiento. Felipe e Isabel intercambian estocadas con sus oponentes, dos de los cuáles pronto están mordiendo el polvo. Entretanto un sonriente Diego juega con sus contrincantes.

- Quien no juega es José, que termina con su último oponente y se dirige a ayudar a Isabel.
- Pero un estruendo resuena en la calle y José se lleva la mano al costado, dolorido. Se da la vuelta furioso y ve al Inquisidor Agustín con una pistola todavía humeante en la mano. Con una mirada que no presagia nada bueno para el pistolero se dirige a por él.
- Felipe se defiende sin grandes contratiempos; uno a uno los guardias caen muertos o inconscientes. Las amenazas de Diego surten efecto y dos de sus contrincantes echan a correr.
- Felipe, tras retirar su espada ensangrentada del cuerpo de un guardia caído se dirige a su último y tembloroso contrincante. El pirata le recomienda marcharse, y el guardia hace caso de su consejo tirando el arma y huyendo raudo.
- Isabel, sin embargo, no tiene tanta suerte. Un movimiento afortunado de uno de sus enemigos consigue herirla en un costado, aunque al momento lo paga con su vida.
- El rítmico entrechocar de aceros entre José, el Inquisidor y sus dos lacayos restantes es ya el único sonido de combate que se puede escuchar.
- Isabel se pone a su lado pero José le pide permiso para continuar él el combate. Los golpes de ambos son cada vez más certeros, y pronto ambos contrincantes están sangrando por numerosas heridas.
- Pero entonces el Inquisidor se ve rodeado por los cuatro. Sabiéndolo derrotado empiezan a preguntarle el porqué de ese atropello contra la mujer. Agustín responde igual que antes. Pronto les queda a todos claro que hay en marcha algún tipo de conjura.
- El Inquisidor guarda su arma y se encara con Felipe para que le deje pasar. Pero el pirata se ha enfrentado a oponentes mucho más temibles que un Inquisidor con un exceso de celo y, con un gruñido, Agustín se ve obligado a rodearlo para poder marcharse.
- Ya solos los cuatro empiezan a presentarse. Pero las preguntan deben esperar pues algunos de sus oponentes, los que todavía viven, están empezando a recuperar la consciencia. Deciden dirigirse a la posada en donde se aloja Isabel.
- Diego va a tratar de seguir al Inquisidor y se reunirá con ellos más tarde.

Escena Dos: La verdadera Laura
- Los pasos de un herido Agustín llevan a Diego hasta la catedral. Intrigado por este personaje decide acudir a su contacto en la Orden de la Rosa y la Cruz para ver qué pueden decirle sobre él…
- …que resulta ser bastante: Agustín no es uno de los Inquisidores residentes en San Gustavo. Eso significa que alguien le ha enviado expresamente a él para esa misión, y ese “alguien” debe ser una persona influyente, o con importantes contactos en la Iglesia Vaticana, para que los Inquisidores de San Gustavo le cedan tantos hombres y no le obliguen a ir acompañado por algún Inquisidor local.
- Sobre Oscar Bejarano de Torres no tienen mucha información: es un apoderado local de noble cuna, buen castellano y persona de honor. Esa acusación de “alta traición” no puede ser otra cosa que un embuste, una infamia para capturarle y hacer con él a saber qué villanías. Diego cuenta con el apoyo de la Orden para tratar de ayudar a ese buen hombre a eludir la Inquisición y averiguar quién está detrás de semejante ofensa.
- En la posada, entretanto, Felipe pide a la dueña agua, aguja, hilo y vendas. La señora, muy discreta, no hace preguntas (ligeramente intimidada por el rudo aspecto del pirata).
- José aprovecha que se quedan a solas para preguntarle quién es realmente. Isabel le dice que no tiene ningún problema en decírselo, pero que su nombre no le dirá nada. Basta con saber que es una de las pocas supervivientes de la Masacre de San Juan. José asiente respetando su privacidad.
- Una vez dispone del “instrumental quirúrgico” Felipe pasa a limpiar y coser las heridas de José, quien –poco después- sale al pasillo como un caballero a aguardar a que Felipe haga lo propio con las heridas de Isabel.
- Diego regresa y cuenta a los demás lo que ha averiguado, tras lo cual Isabel relata su propio papel en todo este asunto: durante su reciente estancia en San Cristóbal había oído hablar de un hombre que trataba de solicitar una audiencia con el Buen Rey Sandoval; según dicen su intención era tratar de convencerle de que le permitiese, junto a unos hombres especialmente escogidos, llevar el terror al corazón de los montaignenses. Al parecer pretendía empezar a asesinar a los nobles en sus propias tierras de Montaigne.
- Pero las políticas de la corte siempre son complejas, incluso en la firme y directa Castilla, por lo que Don Oscar nunca llegó a ver al monarca. Isabel quería conocerle en persona y por esa razón se dirigía a su casa cuando se encontró con los Inquisidores.
- Todos están de acuerdo en que es necesario averiguar qué ha ocurrido en la hacienda de Don Oscar y ver si en la casa hay alguna pista sobre su paradero.
- El propio Diego, haciendo gala de una gran capacidad para disfrazarse, tratará de echar un vistazo por el lugar. Los demás, mientras tanto, descansarán en la posada.
- Diego consigue unas ropas más humildes y un par de jamones que se cuelga al cuello. Vestido de esa guisa, y con unos modales a juego, llega a la puerta trasera de la casa de Don Oscar.
- El lugar está en un inusual silencio, sin el ruido propio de los criados y los niños. Lo único que rompe la turbadora quietud es el relincho de media docena de caballos que pastan en libertad.
- Diego deja los jamones sobre una mesa de la cocina y se interna con aparente tímidez en la casa mientras llama en voz alta. Pero el único habitante que queda parece ser un gato que desciende las escaleras y se frota contra su pierna, claramente hambriento.
- Tras llevárselo a la cocina y darle algo de comer continúa examinando el lugar. ¿Dónde está todo el mundo? ¿y los criados? Escucha un leve sonido del piso superior y dirige allí sus pasos. En el interior de una habitación escucha un pequeño maullido; otro gato, más pequeño que el anterior, sale del armario, se frota contra él y regresa a su interior.
- Intrigado, Diego comienza a examinar el voluminoso armario. Finalmente su experiencia en estas lides le permite descubrir que uno de los paneles del fondo se puede desplazar hacia un lado.
- Al moverlo escucha un chasquido y algo pasa velozmente junto a su mejilla. Girándose con rapidez ve un pesado virote de ballesta hundirse en los maderos de la cama. El proyectil ha sido disparado por una muchacha de poco más de quince años que le mira visiblemente asustada.
- Diego procura tranquilizarla y le asegura que no le hará daño. Para ello le muestra su sello que le acredita como miembro de la Orden de la Rosa y la Cruz. Al verlo la actitud de la joven cambia por completo. Deja la ballesta, sale del armario, se alisa el vestido y se presenta formalmente como Laura Bejarano de Guzmán… tras lo cual se ofrece a contratar sus servicios.
- El sorprendido Diego trata de ganar algo de tiempo. Le garantiza que tratará de ayudarla, al igual que sus compañeros, quienes le están esperando en un posada.
- Laura accede a acompañarle sabedora de que los rosacruces son hombres de honor que nunca la traicionarían.
- Para cuando llegan a la posada la noche ya ha caído sobre San Gustavo. Las normalmente bulliciosas calles tienen ahora un aire de intimidad y misterio muy apropiado para lides amorosas y actos conspiratorios.
- Una vez todos reunidos Diego presenta a la muchacha, cenan y suben a la habitación de Isabel. Pero la mujer es llamada por la dueña de la posada, que le recuerda que las habitaciones no son comunales. La tranquilizan diciéndole que lo comprenden y alquilan para esa noche también la habitación contigua.
- Los cinco se acomodan en la habitación de Isabel lo mejor que pueden para escuchar la historia de Laura. Al parecer la joven estaba viviendo en Ciudad Vaticana cuando recibió una misiva de su tío, Oscar. En ella le instaba a reunirse con él con la mayor premura, pues tenía algo importante que comunicarle; un asunto cuya naturaleza hacía inapropiado el tratarlo por escrito. Poco después de recibir la carta Laura empezó a ser acosada por el Inquisidor Agustín, a quien conoce de vista (aunque él no la conoce a ella).
- Laura se unió a un grupo de mercaderes que se dirigían a San Gustavo, pues no se atrevía a viajar sola y no quería comprometer a nadie solicitando su ayuda. Bien sabe los medios a que puede recurrir la Inquisición para obtener información, y no era ese un destino que quisiera para sus amigos y allegados.
- Y así, días más tarde, atravesó las murallas de la ciudad. Pero cuando llegó a la hacienda de su tío se la encontró vacía y abandonada. Estaba empezando a examinar la casa cuando escuchó llegar a los inquisidores… y el resto ya lo conocen.
- Tras escuchar la historia todos se retiran a descansar, tal vez la mañana arroje algo de luz sobre todo ese extraño asunto.
- Laura comparte la habitación con Isabel, a quien –al ver los vendajes con que cubre sus heridas- pide disculpas por lo ocurrido con la Inquisición. Isabel le resta importancia al tema, al fin y al cabo no había nada que ella hubiera podido hacer para ayudar.
- Los tres hombres se turnan esa noche para montar guardia.

Escena Tres: El paradero de Don Oscar
- A la mañana siguiente, más descansados, comentan que resulta extraño que Don Oscar se hubiera marchado antes de la llegada de la Inquisición, y antes también de la llegada de Laura. Diego apunta que es poco probable que hubiera hecho eso si no hubiese dejado alguna pista sobre su paradero. Una pista que sólo tuviese significado para Laura.
- La joven asiente y dice que no había tenido tiempo de ver toda la casa cuando se vió obligada a esconderse de los Inquisidores.
- Así las cosas el camino de acción está claro: es necesario regresar a la casa de Don Oscar con Laura para ver si encuentran algo que les ayude a localizarle.
- Después de desayunar el paseo hasta la hacienda resulta placentero, aunque la vigilancia constante que deben mantener por si aparecen los Inquisidores les recuerda el peligro en que se encuentran.
- La puerta del lugar sigue abierta y tras los encalados muros que rodean las tierras de Don Oscar sólo hay silencio. Cuando se disponen a entrar Isabel insta a sus compañeros a detenerse. En silencio les señala una ventana del piso superior de una casa cercana, en donde puede verse a un hombre con el tabardo inquisitorial vigilando la entrada principal al recinto.
- Diego baraja la posibilidad de dejarlo inconsciente pero le señalan que eso alertaría a la Inquisición y sabrían que alguien ha estado allí. Finalmente deciden rodear el lugar y saltar el muro por la parte trasera.
- El muro había sido diseñado para proporcionar privacidad y delimitar la finca de Don Oscar, no como medida de seguridad; por ello sus apenas dos metros de altura son un obstáculo fácilmente superable. En unos momentos los cinco han pasado al otro lado y se dirigen a la puerta trasera que conduce a la cocina.
- Diego y José vigilan por si alguien se acerca mientras Felipe e Isabel acompañan a Laura en su examen de la casa.
- Durante el recorrido Laura acaricia cariñosamente algunos objetos y les hace comentarios sobre algunos lugares. Resulta evidente que conoce el lugar y que atesora gratos recuerdos de él. En el piso superior se cubre la boca con las manos al ver que su antigua habitación permanece tal cual ella la dejó, hace ya varios años. La ropa de la cama, las muñecas… todo está tal cual lo recordaba… con la salvedad de un cuadro que juraría nunca estuvo ahí.
- El cuadro la representa a ella, de niña, jugando en un campo de naranjos mientras su tío la vigila desde la sombra de un árbol, apoyado contra el tronco en actitud paciente y paternal.
- Laura está totalmente segura de que ese cuadro no se pintó en los años en que ella había vivido en la casa. Sin embargo la escena no le dice nada.
- Felipe llama a Diego y a José para que vean el cuadro mientras él les releva en la vigilancia. Diego, nacido en la Finca Gallegos, sonríe al ver la pintura. “Ávila”, dice. Una ciudad costera más al sur abundante por sus cítricos y cuyos paisajes se componen de hermosos campos de naranjos hasta donde alcanza la vista.
- Así pues regresan a la posada, saldan sus deudas y Diego compra un caballo para Felipe, el único miembro del grupo que no tiene montura propia (Laura cabalgará con Isabel). Mientras Diego habla con su contacto en la Orden de la Rosa y la Cruz para que les ayude a salir de la ciudad, Felipe habla con el Capitán Wolfgang para avisarle de su partida y su destino.
- El capitán le desea suerte, pero le advierte que puede que no sigan en puerto durante más de unos días. En cualquier momento pueden ser descubiertos por la Armada Castellana y verse obligados a partir. Felipe asiente y promete intentar regresar lo antes posible. De no ser así procuraría buscar a los hermanos de la Fraternidad de la Costa para que le llevasen a La Buca, en donde aguardaría el regreso de La Vendida.
- Al día siguiente un mercader, conocido por los soldados que custodian las puertas de la ciudad, parte hacia el sur con un cargamento de barriles de Jerez. Laura e Isabel, ocultas en el interior de dos de los barriles, escuchan al mercader hablar con los soldados y con el inquisidor que está vigilando las salidas. El resto de sus compañeros, ayudantes del comerciante, pasan completamente desapercibidos.
- Algunos kilómetros después los cinco dan las gracias al hombre por su ayuda, suben a sus caballos y emprenden el trote hacia Ávila. El tiempo apremia.
- El viaje hasta Ávila cruzando las Fincas Soldano y Gallegos transcurre sin incidentes. En estos tranquilos parajes la invasión de Montaigne en el oeste es algo muy lejano, aunque las conversaciones de los lugareños en los lugares en que se detienen para comer giran en torno a la guerra en demasiadas ocasiones. Todo el mundo tiene familia, y las castellanas suelen ser muy numerosas.
- Varias jornadas después se internan en las calles de la ciudad. Al contrario que San Gustavo los edificios de Ávila no están rodeados por una muralla, lo que unido a los hermosos campos que la rodean dan al lugar un ambiente apacible que les hace sentirse bienvenidos.
- Pero una gran sorpresa les aguarda en sus calles. Isabel, llevando a su caballo de las riendas por las concurridas calles, ve a dos personas que no se esperaba encontrar. Una de ellas es el Inquisidor Agustín, quien de algún modo ha logrado llevarles la delantera y llegar a la ciudad antes que ellos. Un pequeño grupo de guardias inquisitoriales le acompañan.
- El otro hombre es una sorpresa todavía mayor. Julián Rodríguez de Torres, primo de Isabel y gran espadachín versado en varias escuelas de esgrima, camina al lado del Inquisidor como si fuera su aliado. Y además él la conoce, lo que haría peligrar su deseo de permanecer en el anonimato.
- La búsqueda de Don Oscar Bejarano de Torres se complica…


(continuará...)

2 comentarios:

  1. Una historia muy interesante, aer si se desvela el misterio. Me recuerda a Aquelarre a lo Alatrsite pero se ve muy curioso.

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  2. :D Pinta muy bien si. Viendo el resumen de esta partida todavía me han dado más ganas de continuar la de piratas.. jajajaja

    Por cierto, no hay una forma de hacer que en la parte principal del blog salga un resumen y al entrar en la entrada salga entera? Por que las que son así largan hacen una página interminable... No es que sea importante, pero creo que quedaría bien.

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