Secretos embarazosos (2ª Parte)

Segundo Acto



En donde los héroes descubren más capas de la conspiración, averiguan el paradero de Don Oscar y traman un plan para su rescate.

Escena Uno: Una cita poco discreta
- Isabel, tras recuperarse de la sorpresa de ver a su primo en tan infame compañía, les dice a los demás que lo conoce. Omitiendo su relación de parentesco les advierte que se trata de un espadachín de renombre y reconocida pericia. Deben tener cuidado con él.
- Diego se dispone a seguirlos para averiguar qué se proponen mientras los demás buscan una posada en donde alojarse. Quedan en reunirse en esa misma calle más tarde.
- El rosacruz sigue a sus objetivos a través de las hermosas calles de Ávila hasta El catador, una taberna famosa en la ciudad por su gran variedad de vinos (aunque, por desgracia para él, eso es algo que Diego no llegará a averiguar).
- Dentro de la taberna Diego ve al Inquisidor y a Julián dirigirse a un reservado. Su plan para intentar espiar la conversación desde la ventana se ve frustrado por la presencia de uno de los guardias inquisitoriales vigilando el exterior. Pero pasando por el callejón logra ver a través de la ventana a los dos hombres sentados en una mesa aguardando a alguien.
- De nuevo en la taberna se sienta con los lugareños compartiendo unos vasos de vino. Su posición le permite vigilar tanto la puerta de entrada como el pasillo que conduce a los reservados.
- Su paciencia se ve recompensada cuando entra una figura encapuchada, de la que sólo puede ver un mechón de pelo ondulado y oscuro y una figura que la delata como mujer; viene seguida por un varón de rasgos algo exóticos, pelo oscuro y corto, y una pequeña y cuidada perilla. El tabernero, que parece estar esperándoles, les dirige al reservado.
- Diego baraja varias ideas para tratar de espiar el encuentro, pero ninguna de ellas parece muy prometedora. Finalmente decide cambiar de táctica y sale de la taberna.
- Allí fuera hay un coche con el emblema de la familia Ávila, y un cochero que se cala el sombrero para protegerse del sol. Con un vaso de vino y algo de tacto Diego logra averiguar que la mujer se trata de un miembro de la familia Ávila, y que su acompañante es un vodaccio que está de visita en la mansión. El cochero, con muy buen talante, le recomienda discreción y no involucrarse en los asuntos de su señora; el rosacruz, viendo que su interés puede ponerle en evidencia, se despide del hombre y regresa con sus compañeros.
- Isabel, José, Felipe y Laura, entretanto, han encontrado una posada en donde quedarse. Tras dejar allí sus cosas regresan a la calle en donde habían quedado con Diego. No tienen que esperar mucho tiempo hasta que su compañero se reune con ellos.

Escena Dos: Recuerdos calcinados
- Mientras comen en la posada Laura les dice que lleva pensando en el cuadro desde que salieron de San Gustavo. Ha estado dándole vueltas a la imagen tratando de ver en ella algo que pudiera darle una pista sobre dónde podría haberse ocultado su tío.
- Lo cierto es que no se le ocurre nada, pero sí recuerda un detalle: cuando era pequeña su aya le había mencionado en alguna ocasión que habían estado viviendo en Ávila, hasta que un terrible incendio destruyó la hacienda. La madre de Laura no pudo escapar de las llamas. Después de aquello Don Oscar trasladó a la familia a San Gustavo.
- Afirmando ser eruditos interesados en escribir un libro sobre la historia de Ávila, preguntan al posadero –un hombre orondo y bonachón llamado Raul- sobre la historia de la región. A lo largo de la siguiente hora Raul les cuenta anécdotas, muchas de ellas emplazadas supuestamente en su posada, a cada cual más asombrosa.
- Está a punto de asegurarles que el propio Salvador I de Sandoval, padre del actual rey de Castilla, se alojó en su posada cuando le preguntan si recuerda un incendio ocurrido hace unos diez o doce años en una hacienda de los Guzmán o de los Bejarano (las dos familias de Laura).
- Tras cavilar durante un rato el emocionado posadero llama a su mujer y a sus hijos para que le echen una mano.
- La buena mujer golpea a su marido con un paño por no recordar el incidente. Al parecer hubo un terrible incendio en la época que ellos mencionan, tan fiero que parecía alimentado por la mismísima Legión. Hizo falta la ayuda de mucha gente para poder sofocarle y evitar que consumiese todos los campos de alrededor, pero nada pudo hacerse para salvar la residencia de la familia.
- Pero también les asegura que no se trataba de una hacienda de los Guzmán ni de los Bejarano; ninguna de las dos familias ha vivido nunca en Ávila. Las tierras incendiadas pertenecían a la familia Gallegos.
- Todos se quedan muy sorprendidos por esta revelación, y Laura más que nadie. Intrigados, preguntan cómo pueden llegar al lugar.
- Ya en las habitaciones Laura les dice que tal vez se haya equivocado, y que el incendio mencionado por su aya fuese el de la familia Gallegos. Aunque hubiera jurado que su propia madre había muerto entonces.
- Esa misma mañana se dirigen hacia allí.
- Al llegar, a caballo, comprenden por qué les habían dicho que el incendio parecía haber sido provocado por la mismísima Legión. A pesar de los años transcurridos apenas una fina capa de hierba ha conseguido crecer en la tierra calcinada. Una gran extensión de terreno parece haber sido abrasada y apenas sí hay vegetación. La propia mansión está en el mismo estado en que quedó esa noche, sin que nadie se tomase la molestia de tirarla y construir una nueva. Matas y enredaderas cubren los frágiles y ennegrecidos muros.
- En el descuidado, pero todavía reconocible, camino de tierra que conduce al lugar, José descubre unas huellas recientes que entran y salen de las ruinas.
- Armados, con acero y con prudencia, entran en el desvencijado edificio. Isabel, Felipe y Laura se quedan en la entrada mientras Diego y José se dividen para examinar el lugar.
- Los agudos sentidos del rosacruz detectan un leve ruido. Moviéndose en silencio llega a ver, a través del agujero de uno de los muros interiores, a un hombre mayor con una pistola en la mano, visiblemente nervioso y vigilando a los compañeros que se han quedado en la entrada. En la estancia puede ver mantas y restos de comida, evidencia de que el hombre lleva aquí varios días.
- Diego habla con él y procura tranquilizarlo. Se presenta como un miembro de la Rosa y la Cruz, pero el hombre, aunque está demasiado nervioso y no termina de fiarse, se ve claramente reacio a abrir fuego.
- José acude a las voces y llama a los demás. El hombre apunta de uno a otro con rapidez, pidiéndoles que se marchen. Entonces llegan los demás.
- Al ver a la joven el hombre baja el arma dubitativamente llamándola por su nombre. Entonces tira la pistola y se arrodilla ante ella, cogiéndole y besándole las manos entre sollozos.
- Le ayudan a sentarse y le dan algo de beber. Más calmado les dice que se llama Alonso, y es un viejo y fiel criado de Don Oscar. Hace varios días su señor pidió con urgencia a todos sus criados que se trasladasen a su casa en San José (un pueblo a medio camino entre San Gustavo y Altamira). Por la voz de su patrón era evidente que había problemas, así que recogieron lo que pudieron en el poco tiempo que les dio su señor y se marcharon al norte.
- A Alonso le pidió que fuese con él a Ávila a esperar a su sobrina. Una vez allí se alojó en una humilde casa de su propiedad, adquirida a través de un criado, mientras Alonso aguardaba en las ruinas la llegada de Laura. Cada día iba a ver a su señor para informarle y recoger provisiones.
- Alonso se alegra mucho de que la señorita Laura haya llegado, aunque murmura que ya es demasiado tarde.
- Hace dos días los Ávila capturaron a Don Oscar.

Escena Tres: Preparando el rescate
- Laura y Alonso regresan a la posada. Isabel, Diego y José se disponen a buscar una forma de entrar en la mansión de los Ávila mientras Felipe se va a comprar unas ropas menos llamativas que su atuendo de marino.
- José, acostumbrado a moverse entre la gente, sabe de muchas formas para obtener información. No transcurre mucho tiempo hasta que logra averiguar el nombre de la taberna que frecuentan algunos de los criados de los Ávila.
- Aprovechan para comer (José echa incluso una pequeña siesta) mientras esperan en el local. A media tarde tres hombres con vestiduras propias de criados de una casa noble llegan a la taberna, tratando al tabernero con gran familiaridad.
- Las sutiles, y no tan sutiles, preguntas de Diego y José, y el encanto y belleza de Isabel, les permite averiguar que los Ávila llevan varios días de fiesta continua. Al parecer están recibiendo la visita de un noble vodaccio al que tratan de impresionar.
- Además, en la mansión residen ahora mismo varios nobles de distintas familias que han sido invitados para la ocasión. Aparte de varios nobles menores también hay miembros de los Soldano y de los Gallegos.
- Durante un rato barajan la posibilidad de introducirse en la fiesta como miembros de la nobleza. Ni Isabel ni Felipe se lo han dicho a sus compañeros, pero ambos han sido criados en familias nobles y conocen el protocolo (aunque Felipe lo tenga un tanto olvidado después de varios años en el mar). No obstante su deseo de permanecer en el anonimato termina imponiéndose y optan por sugerir otras opciones.
- Finalmente deciden intentar entrar en la mansión dentro de barriles vacíos de vino. Para ello alquilan un carro y compran cuatro barriles vacíos y dos llenos. Alonso guiará el carro y después de dejarles volverá junto a Laura.
- Esa misma noche van a rescatar a Don Oscar Bejarano de Torres.


(en la siguiente parte, la conclusión...)

1 comentario:

  1. Está interesante y pinta bien la trama.
    ¿Donde habré metido las palomitas?

    ResponderEliminar

RECUERDA

Los editores de este blog agradecemos cualquier comentario u opinión por breve que sea.

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP