Tarus Vs Ozikawa (1ª parte)




Reparto

Director de juego: Míchel.
Marx, soldado experimental (Ramón)
Watson, investigador psiónico (Bruno)
1ª parte: El asalto
28 de Octubre del 2009, 19:00. En las instalaciones centrales de Tarus, en medio de los bosques al norte de Nueva York, los empleados están finalizando la jornada en sus puestos de trabajo. Repartidos entre el edificio principal de oficinas y el edificio de laboratorios, todos trabajan en una perfecta organización piramidal jerárquica y ordenada por niveles de seguridad. Tarus ha crecido mucho como entramado empresarial en los últimos años, sus empresas, sus proyectos, que van desde la farmacéutica, biotecnología, industria armamentística, robótica y un sinfín de actividades que burbujean en su interior. Actualmente una de las corporaciones más grandes del mundo.



Robert Watson, investigador “especial”, apaga su ordenador y decide irse a su apartamento dentro del complejo. Afroamericano, a sus treinta y tantos años lleva casi una década trabajando para la compañía. En la puerta del ascensor se encuentra con su colega Samuel Marx, miembro del equipo de seguridad y fuerzas especiales de la compañía. Viejos conocidos de misiones y batallitas.
Tanto Watson como Marx siempre han sido especiales para la compañía. Watson desarrolló desde pequeño ciertas habilidades mentales especiales. Telequinésis, Telemetría, Curación…… su mente está dopada al máximo gracias a las drogas experimentales de la compañía, desarrollando todavía más sus habilidades psiónicas. Marx es más conocido a nivel interno como el “Proyecto Sun 01”, un prototipo de soldado perfecto al que han sometido a un doloroso y experimental tratamiento de amplificación de reflejos. Todavía hoy tiene pesadillas con batas blancas. El proyecto ha sido todo un éxito, y Marx se ha convertido en el “soldado definitivo” capaz incluso de esquivar las balas.
Se miran, -¿Una copa? – Dice Watson. Marx asiente y ambos se dirigen hacia el Bar. Están en el edificio de laboratorios, pero no queda lejos. El complejo está preparado con todas las comodidades, canchas de tenis, campo de golf, bungalós para los directivos, etc. Mientras caminan, las alarmas del complejo se encienden, luces rojas, sirenas… Por los altavoces se oye la voz de Elise, la jefa de seguridad de la compañía: “Atención, código rojo, el complejo será atacado en pocos minutos. Que todos se dirijan a las zonas de seguridad. Equipo de seguridad ocupen sus puestos de defensa. ESTO NO ES UN SIMULACRO. Un ejército de hombres armados y varios helicópteros se dirigen hacia el complejo y están al caer. Todos a las zonas de seguridad. ESTO NO ES UN SIMULACRO.”
Watson y Marx se miran, y sin mediar palabra ambos echan a correr hacia la armería. De camino Watson se para a ayudar a personas víctimas del pánico. Marx que tiene claras sus prioridades militares, lo mira – Te espero en la armería Watson – y sale corriendo como el viento hacia allí. Sus movimientos casi felinos entre la gente le hacen llegar rápido y casi sin rozarse con nadie a pesar de la marea humana que escapa.
En la armería ambos se arman hasta los dientes. Fusiles, pistolas, granadas... incluso Marx se permite su lujo de llevar una espada. Algunos lo tachan de raro por la esgrima, pero él sabe que a esa arma nunca se le acaba la munición. Preparados se dirigen hacia el tejado para hacerse con el control del perímetro. Al llegar allí y tomar posiciones, pueden ver como varios camiones con soldados “anónimos” y seis helicópteros apache se dirigen hacia ellos. Todos toman posiciones.
Dos de los helicópteros se acercan al tejado y sus ametralladoras empiezan a girar y a soltar proyectiles haciendo barridos por el tejado. Marx, Watson y el resto del equipo de seguridad que ha subido al tejado se cubren como pueden. Los helicópteros son blindados, así que saben que no pueden hacer mucho disparándoles. Marx se prepara y apunta a los misiles de los helicópteros esperando a que se arme el primero para dispararle y que pueda reventar al lado de uno de los Apache. Uno de los misiles se arma, y sale, Marx dispara con precisión, pero sus disparos no hacen reventar el misil. El misil cae en el tejado, pero no explota, los disparos han estropeado sus sistemas.
Mientras tanto el edificio principal es tomado por hombres, varios helicópteros barren la zona, convirtiendo los pasillos y las puertas por donde la gente escapaba en una verdadera carnicería sangrienta. Uno de los Apache lanza unos misiles hacia un piso, que entran por la ventana y hacen reventar toda la planta en pedacitos al explotar en su interior.
Los helicópteros en el tejado de los laboratorios abren sus compuertas y empiezan a descargar soldados que se descuelgan con cuerdas. Son recibidos con disparos, pero sus trajes blindados les protegen. Marx dispara y consigue cargarse a unos cuantos. Una escena de tiroteo se sucede entre máquinas del aire acondicionado, chimeneas y respiraderos. De la radio de un enemigo caído Marx escucha -Abandonad el tejado, vamos a barrerlo- Es la voz de uno de los pilotos de los Apache que dirige su máquina de guerra hacia el tejado. Marx avisa por radio a todos sus hombres. Entretanto Watson ha curado ya a unos cuantos de los suyos gracias a sus poderes de curación. Entre balazos y carreras, impone sus manos curativas para alivio de sus compañeros.
El Apache rocía el tejado con una lluvia de balas de calibre de elefante mientras arma sus misiles que salen disparados hacia los hombres de Tarus. En ese momento Marx corre como un guepardo, salta y engancha en una de las cuerdas de los helicópteros. El tejado explota, la explosión hace trizas parte del piso, los cuerpos caen por fuera del edificio, fuego y destrucción. La onda expansiva alcanza a Marx que lo balancea con fuerza golpeándolo contra el propio helicóptero. Aprovecha el momento y sube rápido por la cuerda hasta el interior. Un soldado dentro se da cuenta e intenta dispararle, pero con un rápido movimiento de piernas y media voltereta en el aire, Marx consigue abalanzarse sobre él. Se enzarzan en una pelea desigual donde el soldado enemigo tiene todas las papeletas para salir volando del helicóptero. Un –Ahhhhhhhh- es lo que se oye cuando sale despedido por la puerta y cae en el vacío.
Marx saca su espada y la pone en el cuello del piloto. Una convincente presión hace que el piloto siga sus órdenes de atacar a otro de los helicópteros. Cuando el helicóptero se gira hacia el otro lo último que se escucha por la radio es la voz del piloto por radio – ¡Jack! Que estás haciendo, corrige tu rumbo.. ¡Jack! ¡Jack! ¡¡¡Que haces!!!..... – Buuuuummmmmmm los misiles disparados por el Apache impactan en el helicóptero de su compañero haciéndolo reventar por los aires. Del cuello del piloto caen unas gotas de sangre, la presión para convencerlo de matar a su compañero no le ha dado otra opción.
-Todavía nos quedan más. ¡Muévete! – Dice Marx. Marx está cabreado, pero sobre todo está adrenalínico perdido, y en estas situaciones es capaz de cualquier cosa.
Mientras se dirigen hacia otro de los Apache con el helicóptero secuestrado, una de las máquinas toma rumbo hacia ellos. Tras varios disparos entre ellos, el Apache se coloca a su lado, con la puerta abierta, un soldado desde su interior, dispara un lanzagranadas. Falla y la granada no entra por la puerta. Pero Marx, ambidiestro y muy ágil, usa la mano que la espada le deja libre para echar mano a una granada de su cinturón y con un movimiento de mano rápido y preciso, la cuela dentro del otro helicóptero ante la sorpresa de los ocupantes. Con una sonrisa en la boca, - Bye, bye- una mirada frenético-psicótica percibe como el helicóptero enemigo vuela en mil pedazos en una tremenda explosión.
El “afeitado a hoja” piloto del Apache de Marx, a causa de la onda expansiva de la explosión de la otra máquina pierde el control. El helicóptero empieza a caer en barrena. Marx guarda su espada y se dirige a la puerta. No hay altura suficiente para un paracaídas, pero la suficiente para matarse si salta. Mientras el helicóptero cae espera el momento oportuno para saltar sin matarse y con ángulo suficiente para escapar de la explosión de la máquina al caer. Salta cuando apenas 10 metros los separan del golpe, y mientras va por el aire el helicóptero cae. La explosión manda a Marx lejos, en medio de fuego y trozos de metal cortante a grandes velocidades. El impacto al caer es grande, pero su destreza lo permite amortiguar la caída. –Ahggg, ¡joder!- Amortiguada si, pero duele.
Mientras tanto Watson al ver la caída del helicóptero en el que se encontraba su compañero, llama por radio, -Marx, Marx, me recibes!- mientras Marx sale de entre el humo y el fuego, Watson puede ver su silueta recortada saliendo de la destrucción caminando… - Si Watson, estoy bien, sólo he podido cargarme a tres helicópteros ¡todavía quedan otros tantos!- Watson sonríe todo lo que el miedo y el nerviosismo le deja, - ¿Sólo?, jajajaja- mientras menea la cabeza.
Marx recibe una comunicación por radio de Elise, la jefa de seguridad. Elise también es psiónica, la mejor clarividente de la compañía, capaz de ver el futuro y percibir el peligro con mucha antelación… salvo hoy. –Marx, soy Elise, dirígete hacia el complejo de laboratorios, allí está entrando una grave amenaza, y sólo tú puedes pararla… ksshhh kshhhhbbsbs- La comunicación se corta. – ¡Elise! ¡Elise!, ¿de qué se trata?!- Pero nadie responde a las palabras de Marx. – ¡Watson, te necesito, baja a la entrada!- dice Marx por radio mientras se pregunta que narices hay ahí dentro…
(Continuará…)

3 comentarios:

  1. Así qut ienes pretensiones de que tu Nombre de usuario sea una supercorporación...¡ que megalómano¡ XD Una partida con mucha acción para soltar adrenalina.

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  2. En realidad mi nombre de usuario viene precisamente de Tarus Enterprises, que era la corporación mala malosa de las partidas que Mon, Bruno y yo solíamos jugar. Es una especie de Umbrella de la vida, con recursos similares y la misma mala baba. :)

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  3. Estaba yo pensando que menuda diferencia entre esta partida y la de La Pentarquía, en la que no hubo ni un solo tiro. :p

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