Star Wars - Secretos del pasado (2ª Parte)

4. Devastación

Al caer la noche la temperatura ha descendido notablemente, pero el viento y el polvo continúan siendo una molestia constante. Los tres avanzan por las desérticas y destrozadas calles hasta localizar un edificio lo bastante alto como para poder mirar sobre el paisaje de la ciudad. Tras una dura ascensión a través de escaleras en ruinas, agujeros en el techo y cornisas quebradizas sus esfuerzos se ven recompensados: desde lo alto contemplan la imponente silueta del edificio que habían visto en la grabación.

De camino se acrecienta la sensación de estar siendo vigilados. Al cabo de unos minutos todos están con los nervios a flor de piel, aunque ni los visores térmicos ni los nocturnos muestran nada fuera lo normal.

El primer sobresalto se lo llevan al entrar en la recepción del edificio que estaban buscando. En mitad de la oscuridad un holograma se les aparece, aparentemente dándoles indicaciones sobre el lugar, para desactivarse momentos después. Hun, sin embargo, está contento, pues eso significa que todavía hay energía en alguna parte. Para confirmar sus sospechas pulsa el botón de llamada de un ascensor. Un chasquido y un rugido cada más fuerte son el breve aviso que le hacen echarse a un lado instantes antes de que la cabina se estrelle contra el suelo.

Bandal y Kara, que se dirigen a las escaleras, observan los cadáveres de la sala. Sus uniformes parecen indicar dos grupos distintos de individuos de la misma especie. Una guerra local. Desde un balcón en el primer rellano de las escaleras observan en el exterior un andador en buen estado. Ahora mismo no les sirve para nada así que continúan subiendo. En los pisos superiores empiezan a sumarse a los cadáveres de los soldados los restos de población civil. Ha sido una masacre.
Una de las salas les llama la atención, pues parece tratarse de una especie de "Sala de Guerra": un mapa táctico, apagado pero intacto, cubre casi por completo una de las paredes; multitud de terminales y pantallas cubren el espacio restante. Convencidos de que el lugar tiene energía deciden que vale la pena intentar localizar los generadores. Y tienen razón: varios pisos más abajo se encuentran una gran estancia repleta de maquinaria, pasarelas y conductos de energía. Casi todo está apagado pero Hun sólo necesita unos minutos para desentrañar el funcionamiento de los aparatos. Pronto un zumbido eléctrico sustituye al ominoso silencio y las luces empiezan a encenderse por todas partes.

De regreso en la Sala de Guerra Kara activa los monitores de seguridad del edificio. En una de las pantallas ven un recinto muy peculiar. Se asemeja a una biblioteca con cristales de datos ordenados en infinidad de hileras y estanterías. Y en medio de la estancia un pedestal con el holocrón que habían visto en la grabación protegido por un campo de fuerza. Kara obtiene un mapa del edificio y se dirigen hacia allí.


5. Interludio

La lanzadera imperial logra evitar estrellarse contra el suelo cuando sus sistemas se apagan gracias a la gran pericia de su piloto. Una vez en tierra el teniente y media docena de soldados de asalto se dirigen hacia la ciudad. Sin acceso a los sensores de la fragata no saben dónde se encuentran los rebeldes, por lo que el teniente se encamina en una dirección mientras esperan a que amanezca.


6. Luz y oscuridad

La biblioteca es inmensa. Bandal le entrega a Kara otras dos tabletas portátiles para intentar volcar en ellas toda la información posible. Entretanto él y Hun se dirigen a examinar el pedestal en que reposa el holocrón.

Al acercarse aparece frente a ellos una figura fantasmal. Hun observa consternado que no se trata de una proyección holográfica, pues al intentar dispararle la aparición hace un gesto y su arma sale volando por los aires. En la conversación que mantienen con él averiguan que su nombre es Darth Nalden, el Destructor de Mundos. En su día fue un sith que, gracias a la persistencia de dos jedis, abandonó el Lado Oscuro de la Fuerza. Los tres llegaron a este planeta para traer la paz a una civilización convulsa. Pero los sith no podían permitirse que uno de los suyos fuese un renegado y lo persiguieron. Utilizaron una poderosa arma capaz de apagar uno de los soles del sistema. El resultado fue un apocalipsis sin precedentes. Después de aquello la civilización se extinguió.

Él encerró lo que quedaba de su esencia en el holocrón, que había sido ocupado previamente por el espíritu de otro jedi. En su interior también está la información recopilada del arma de los sith, que no debe caer en malas manos.

Cuando ellos le cuentan que Darth Vader, junto a un diplomático, han convertido la República en un Imperio Darth Nalden monta en cólera. Dice que es una aberración que un sith gobierne toda la galaxia, pues sin conflicto no hay evolución. Está dispuesto a enseñarles cómo acabar con ellos para restaurar el equilibrio.

Bandal, Hun y Kara no las tienen todas consigo: Darth Nalden continúa utilizando su título sith, y parece dividido en cuanto a lo que está bien y está mal, sus métodos parecen demasiado radicales. Claro que estar encerrado en un pequeño cubo durante quién sabe cuánto tiempo puede desequilibrar un poco a cualquiera. Finalmente deciden llevárselo a los líderes de la Alianza Rebelde para ver qué hacer.

Como está a punto de amanecer emprenden el camino de regreso a la nave. Ya en la avenida principal ven que la ciudad, o al menos hasta donde alcanzan a ver, está iluminada. Temiendo que eso atraiga la atención de la fragata aceleran el paso.

Pero unos disparos de bláster confirman sus temores: los soldados de asalto ya han llegado.


(concluirá en la siguiente parte...)


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